martes, 3 de marzo de 2015

Fuma y Quema el mal.

Llega dándote una sorpresa pero los dos tenéis sentimientos diferentes en ese momento, totalmente opuestos. Tú no lo sabes, no sabes por qué está allí en ese momento, y tampoco sabes que en menos de 10 segundos tu vida va a dar un giro de 180º. Te acercas feliz y enamorada, queriendo entrar en sus brazos, fundirte en un tierno beso, pero en ese momento se te escapa de las manos, se separa y te rechaza. Ahí te preguntas qué es lo que ocurre ahora, ya estabais bien, no entiendes nada. Pero él empieza a hablar y tu corazón empieza a encogerse.
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Te sientes hecha una porquería. Tu has negado muchas cosas para no hacer daño a la persona que quieres. Sabes que está mal, que has hecho mal y que le duele. Pero ahora está negro, oscuro, el camino para llegar al perdón, lo juro.
Nadie ha dicho que no vayas a intentar nada, ni tú misma, pero necesitas un momento para ordenarte la vida.
Él se enfada contigo por verte marchar como si nada de lo que hubiese pasado te importara jamás, ni él, ni su familia, ni su vida, pero tú sabes que está equivocado... ¡Aún lo amas con toda tu energía!
Él te achanta y tu le das un cachetazo. Él te lo devuelve, ya no es bonito sino amargo. Entonces le gritas llorando que tiene que alejarse, echarse a un lado. Te coge del cuello y ¿tú qué haces? Aguantar hasta que suelte y después marcharte.
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[Tarde o temprano, conforme pasa el tiempo, te das cuenta que la única persona en quien puedes confiar es en ti mismo.]

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